Diálogos Propositivos frente a la Educación, el desafío para alcanzar la prosperidad con equidad:

Diálogos Propositivos frente a la Educación 

Desde hace bastantes años que venimos escuchando los mismos conceptos en torno al debate sobre educación: gratuidad, calidad y educación pública y universal. Sin desmerecer la importancia de tales conceptos, creo que es imperativo lograr incluir otros nuevos al diálogo y a las mejoras en educación, tales como pluralismo, creatividad, educación amable, pensamiento crítico, reconocimiento y respeto a la diversidad, multiculturalidad, diseño universal para el aprendizaje, formación en valores, y muchos otros, que enriquezcan las discusiones y permitan hacer un llamado de atención y toma de conciencia menos politizada y más humana, movilizando las voluntades políticas y la participación ciudadana para que se generen mejoras tangibles.

En el marco de la VII Cumbre de las Américas realizada en Panamá, tanto el Foro de Jóvenes como el Foro de la Sociedad Civil fueron un excelente espacio para que representantes de las más diversas organizaciones de los países miembros de la OEA, pudieran dialogar respetuosa y fecundamente, llegar a acuerdos y generar propuestas que luego fueron presentadas a los distintos Jefes de Gobierno. Pese a las diferencias en cuanto a tendencias políticas, de orientación religiosa, de raza, origen, nivel educativo y socioeconómico, entre otras, no se dio pie a la discriminación y los jóvenes pudimos llegar a acuerdos y generar un documento unificado, con propuestas para mejorar la educación en el marco de la temática de la Cumbre, “Prosperidad con equidad”. Las propuestas se trabajaron en de acuerdo a los siguientes seis ámbitos:

1) Participación e incidencia de los jóvenes;

2) Gratuidad de la educación, gestión de recursos educativos y su distribución;

3) Calidad en la educación;

4) Educación pública, universal y pluralista;

5) Investigación, innovación y movilidad académica;

6) Formación y condiciones laborales docentes.

No me parece en vano el que hayamos reflexionado durante el Foro de Jóvenes sobre el por qué las sociedades se preocupan por educar a sus ciudadanos, pues en alguna época se educaba sólo a unos pocos para perpetuar la existencia de una elite religiosa y económica, en otra época se decidió masificar la educación para contar con más mano de obra capacitada para trabajar en las industrias, y no desde hace mucho tiempo, en nuestra época, se piensa y habla sobre la educación como un derecho de todos, en aras de una sociedad más justa, más fraterna, más solidaria y más consciente. Tampoco se debe hacer el quite a la reflexión sobre el qué estamos entendiendo por Calidad Educativa, pues todos los gobiernos declaran querer mejorarla, no obstante, se apreció en varios de los discursos de los presidentes que asistieron a la Cumbre una concepción sobre la educación de calidad que continúa entendiéndola como un eslabón más dentro de los procesos productivos de cada país. Más de un mandatario habló de la educación para la empleabilidad o enfatizó en el aumento en cuanto al acceso y la permanencia en el sistema educativo, más, estuvieron ausentes reflexiones de profundidad en cuanto a la pertinencia. Al respecto, el presidente de México, Enrique Peña Nieto refirió que “uno de los grandes retos de México es pasar de cobertura educativa pobre en el siglo XX a la calidad en educación”. Cabe mencionar también, que la calidad educativa se continúa evaluando desde pruebas estandarizadas que en su mayoría no consideran contextos ni el desarrollo de habilidades para la vida, sino que miden la memorización de contenidos bajo un modelo academicista-conductista que debiésemos considerar añejo, pero que lamentablemente aún se aprecia en muchas instituciones educativas y por desgracia, sobre todo en las más vulnerables. El mismo debate que existe en torno al error de medir de la pobreza exclusivamente en función de los ingresos económicos, descuidando múltiples otras dimensiones y variables, deberá darse en torno a la medición de la calidad educativa.

Por educación de calidad vale muchísimo más entender (y así fue consensuado por los jóvenes participantes del foro) el asegurar modelos pedagógicos incluyentes, pluralistas y contextualizados, desde el nivel inicial hasta educación universitaria, que tengan como objetivo el desarrollo integral de niños/as, jóvenes y adultos que forman parte de una comunidad educativa, fortaleciendo sus conocimientos, competencias y habilidades para la vida para que puedan desenvolverse con autonomía, pensamiento crítico y creativo, compromiso social, sentido de pertenencia, e identidad cultural en sus territorios. Este modelo de calidad educativa promueve el diseño universal para el aprendizaje, que considera no sólo un currículo flexible y los estilos de aprendizaje de cada estudiante (visual, auditivo, kinestésico) sino que también visibiliza y valora sus orígenes, etnia, cultura, sus capacidades, su contexto rural o urbano y su situación familiar dentro de múltiples otras variables. Además se sostiene que una educación de calidad implica contenidos y prácticas adecuados al contexto y la participación activa de todos los actores de la comunidad educativa, por lo que es fundamental fortalecer la co-responsabilidad de las familias en los procesos de enseñanza-aprendizaje. La educación ya no puede ser concebida como un eslabón más dentro del sistema productivo como lo ha venido siendo desde la revolución industrial, la educación es un derecho al servicio del desarrollo y la autorrealización de cada ser humano y de la humanidad misma.

Es nuestra labor como jóvenes y miembros de la sociedad civil, en sinergia con los organismos públicos, asegurar el que no sólo se garantice el acceso a la educación, sino el derecho a recibir una educación de calidad, inclusiva y equitativa, con oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida para todos. Este derecho fue declarado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que forman parte de la agenda post 2015 para el desarrollo y la erradicación de la pobreza, frente a los cuales es sumamente importante que a las y los jóvenes se nos continúen brindando los espacios de incidencia para impulsar y generar cambios y mejoras.

La agencia de cambio y transformación de los jóvenes y de la sociedad civil se pudo apreciar en el espíritu propositivo de los foros de la Cumbre, enfocados más hacia lo promocional que hacia lo paliativo, pues, centrar la discusión netamente en lo que se está haciendo mal parece muy riesgoso, considerando que aún no hemos alcanzado un precedente exitoso sobre la educación como un derecho universal, por lo que es necesario continuar proponiendo más que sólo reaccionando ante las contingencias. Para reforzar lo anterior, me permito una analogía desde la psicología: el focalizarnos en los conceptos y problemáticas que venimos escuchando desde hace años sería como centrarse exclusivamente en la sintomatología más llamativa del paciente índice de una familia disfuncional, sin considerar las relaciones de esa familia, sus intereses, objetivos comunes, ni que el resto de sus miembros pudiesen estar realizando conductas dañinas o negligentes, razón por la cual las mejoras en educación requieren de propuestas creativas que trabajen más desde las fortalezas y no desde las debilidades de las comunidades educativas, sin caer en la estupidez de no reflexionar sobre aquello que se está haciendo mal. Esta misma analogía se puede utilizar para pensar en el excesivo foco y la sobrecarga de responsabilidades y/o culpas que han recaído sobre los docentes para explicar los problemas de la educación. Muchas “acciones de mejora” recaen sobre éstos sin detenerse a evaluar sus niveles de estrés laboral o su percepción de satisfacción en torno a sus comunidades educativas. Si en cambio nos centramos en las fortalezas, los proyectos educativos exitosos se caracterizan por contar con un proyecto pedagógico con objetivos claros, identidad territorial, un sello identitario que los distingue de otros y otorga pertenencia y compromiso a sus actores, un clima organizacional saludable que cuenta con relaciones de horizontalidad, trabajo en equipo, confianza y alegría, una educación amable y la presencia de líderes positivos. Se lo propongan o no, los proyectos educativos exitosos cuentan con un fuerte componente de amor entre las relaciones interpersonales de los actores de su “familia educativa”. Dicho lo anterior, continúa siendo necesario capacitar y acompañar a los docentes en inclusión, motivación y liderazgo, así como perfeccionar sus mallas de formación, no obstante, debemos ampliar la mirada y reflexionar también sobre cómo fortalecer los climas organizacionales de las comunidades educativas, la participación y formación de padres y madres de familia, el desarrollo de proyectos educativos con identidad cultural, la vinculación de las escuelas con sus comunidades y el seguimiento y monitoreo adecuado de los procesos pedagógicos que permita realizar los ajustes más eficientes en todos los ámbitos de la educación.

Para concluir, sólo quisiera señalar que los esfuerzos y luchas para mejorar la educación no sólo deben estar movilizados por la indignación que genera la inequidad e injusticia a su alrededor, sino también por la inspiración y el ideal de garantizar el derecho a una educación de calidad e incluyente para todos, y por último, que una educación de calidad no es aquella que permite la inserción de los estudiantes al mundo laboral reinante, sino aquella educación que desde el amor y la creatividad permite crear nuevos mundos.

* Carlos Daza Godoy

Psicólogo Universidad Católica de Chile

Profesional Voluntario en América Solidaria

Proyecto “Yachay Wasi Llapanchis” Ayaviri – Perú.

dazagodoy@gmail.com / Twitter: @Carlos_DazaG

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